Track infinito



Girábamos como un disco
en la tornamesa de un momento.
Salíamos a la calle invencibles
como dos continentes de poesía
escribiendo mundos paralelos.
Si pasábamos por la lluvia
los charcos eran de plata
y si tú los mirabas,
caíamos como dos miradas
que saben escribir las flores
del universo.
Éramos la música
de soñarnos.
Aquella cadencia de leernos
entre pétalos de ciudad
y sembradíos de una era.
Sólo sucedimos sin saberlo.
Nadie nos nombró en el reflejo
de aquellas horas, ni en carteleras
ni en semáforos, ni en la vida.
Fuimos así el track infinito
de merecernos y hoy,
todavía, en las aceras,
en ventanales de café, en los cines,
en la solitaria sinfonía de las tiendas de discos,
en un viejo folleto de viajes y en la aurora,
algo, quizás una tormenta,
nos escucha.


Aquí leo este poema:

Track infinito - Martín Eduardo Solís