Los pájaros que se van



No hay celeste sin un verano tuyo,
sin tu incesante afán de belleza vespertina
por las cosas de la vida.
No. El mes de julio no puede ser
si tú no mencionas el cielo,
si no lo dices con el viento en tu cabello,
si no hablas el idioma de las nubes tuyas.

No. 

No hay pájaros que se vayan y no te pregunten
cómo haces el mundo en tu mano,
cómo todo tiende a ti, amor,
cuando miro que atardeces.