La bruma es una tilde amanecida
en las palabras que te piensan.
Callo decir que te amo
para enviarte una avenida
de violines a la velocidad
de tu cabello en mi memoria.
Monterrey como una ola tuya
cubre el mar de mis estrofas enardecidas
llamándote sin mayor puntuación
que un poema para tus labios.
Es octubre y los mirlos sobre la niebla
celebran que sólo yo puedo mirarte.
Que en los ojos cerrados de la ciudad
soy quien le describe esta gramática
absoluta de tu recuerdo aparecido.
Que soy yo quien le comenta
que hay luz después de todo.