Posible arquitectura de la vida.




No pido subir.
Ni bajar.
Pido un equilibrio
azul que funcione
como el mar.
Que llegue y 
se vaya como una
ola primigenia.
Y que después, 
o que antes,
cuando termine algún agosto,
me arroje a la canción
que dibuja estos raíles
de espuma.