Abrilecidos mis ojos escuchan la primavera.


Me detengo,
sin saber la hora exacta,
a escuchar la primavera
en este parque cuyo
nombre no conozco.

He pasado mil veces
por aquí sin detenerme
a conocer cómo se llaman
estas bancas solitarias y sus
fresnos y sus sombras.

Más de veinte años he cruzado
esta hierba y estos juegos infantiles
que parecen el paso definitivo del tiempo.

Me detengo.

No sé la hora exacta ni cómo 
se llama este lugar que bien es ya 
parte de mi vida.

Pero escucho la primavera
filtrándose en el sonido de esta
mirada enamorada 
de la posible verdad.

Escucho lo azul.

El canto de algunas aves,
es un corazón abrilecido.