No sé de qué primavera vengan
las olas de este mar ahora tan eterno.
Es un diálogo hermoso
este que sostengo con las olas
en sus tonos tan eternos, tan sublimes,
crepuscularmente continentales y bellos.
Siento los sueños que he tenido
en la voz de la espuma que
toca mis tobillos de casi
cuarenta años.
No distingo en qué consiste
la postal que frente a mí
teje lo que recuerdo de mi vida.
Pero resiento que es primavera. No sé ya más
felicidad que esta arena y el poema
que empieza a parecerse a lo que entiendo
por este mundo. Cancún abrilece frente
a mis ojos y los barcos que se van son
los que siempre han venido. No sé de dónde
venga este Monet personal. ¿Cómo pagar
que las gaviotas cantan ahora que atardezco
en este verso que no lee nadie?