Semáforos en el pecho.




Persiste en los ríos de una luz que parece el ayer. En la cumbre de las sombras, respira las puertas que parecen flores eternas, jardines de vigilia y fuego, vinilos de la aurora ensimismada y pasajera. Sabe bien que el viento no tiene jaulas, que si una calle es paralela al tiempo es porque los girasoles siempre tienden al sol. Conoce que todo encuentra razón cuando el idioma son los planetas más allá de las palabras, los que aprendieron la huida y el arribo, los que reconocen el amor en los viajes de un cometa. Sólo en hoy consisten los meandros de esmeraldas que pinta a su paso. Su transcurso es sólo un verso en una página vacía, una ola de imágenes que tienen como mar un canto nuevo. Los semáforos en su pecho parecen las sílabas del invierno. Una polaroid de frío entrecomilla en blanco y negro lo que sabe de la verdad.