La neblina es
una forma
de amor.
Cubre algo que
no vemos,
alguna dimensión
donde puntos suspensivos
nos arropan y
alejan de los
acantilados
de sombras.
La neblina habla.
Escucho su mañana
en mis párpados
como una ola solitaria
que llega a su destino.
Es una forma de amor.
E inevitablemente
nos procura,
como pétalo
de algún planeta
al que seguimos
enamorando.