La fortuna (o rueda de las nubes).

 


Las nubes navegan la fortuna y
es tan cíclico el rumbo de una
postal atardecida que
vuelve y se deshace
desde la luz
como un
poema
pendiente.

Somos un relámpago
de instantes que
se disuelven
en un vaso
de otoño.

Dioramas
de paréntesis
atisban los timones
imbatibles de la belleza.