Escriba un poema aquí.

 
 
Deshacer una mirada en mil campos de duraznos aferrados al iris. Exhalar paisajes en los cuales un río es todo lo que se aprende de una raíz cristalina. Beber el trigo con una canción desafinada entre nubes de papel recuerdo. Hablar párpados de verano. Volver a decir los párpados del verano. Entender el celeste que se aferra a su lugar natural entre los poemas pendientes. Deshacer el firmamento en unos ojos que son dos globos de gas con palabras antiguas en forma de leyenda o pie de página. Pensar mi propio corazón escalando súbitamente la altura de un verso. Aprender que estoy aquí como quien planta un aeroplano y otro más, justo en el lenguaje del vacío. Deshacer con sutileza el idioma del universo. Predecir que el alma es una coordenada indivisible para sonreír y regar las flores. Ver cómo ya estamos llegando a la superficie. Ver cómo la claridad es un mapa que con pleno uso de razón, sólo lleva al sitio de una poética que calla el silencio.
 
 
                                                    El agua nos pronuncia y nos radica como palabra cardinal.
 
¿Es acaso la poesía el centro de todo?