Misión Belleza o del alfabeto de galaxias después de las nubes que llovieron.



Veo las palabras mansamente impronunciables. Detengo al eco del amanecer conmigo. Por debajo de la lluvia las ciudades humedecen la tierra y la raíz crepuscular de los fresnos. Mi alma, desde mis ojos, es un corazón peninsular sin remitente reenviándose a las galaxias que forman estas hojas ya sin los renglones de las nubes. Presiento el libro que escuchan las aves que se posan en un cable de viento. Pronuncio otro suspiro. Órbita tras órbita el mundo sigue en la misión belleza.