Necesito
trazarte como se crean los frutos dulces de la palabra. Ver tus acentos en las
semillas del arribo, bajo el grafito del intento que te nombra, donde el aire
aparece para hablar contigo sin tocarte. Necesito entrevistarme con las formas
de un cerezo. Declamarte en silencio bajo las sombras de las hojas mudas y
escuchar cómo acentúas el arpegio lunar de tus ojos tan míos. Requiero que no
me faltes en este amanecer de espigas por el cielo. Necesito que me sientas en
la incansable geometría de mis pies desdibujados. Mis huesos piensan en ti. El
raudal de tus párrafos de piel cimbra los sembradíos del alba. Necesito que un
beso nos divise desde algún faro eterno que nos deslice a la locura.