Marzo entra en la ventana
como un cometa germinal
que escribimos hace
millones de palabras.
En su trayecto,
hablamos de recuerdos
entre ríos de hojas secas
que atraviesan los paraísos
de Andrómeda.
El leve frío del cristal se
cruza
en su estela y me miras
un poco.
Estas son las infinitas soledades.
El mismo cuaderno
de estrellas y huesos
colisionando atardeceres.