Me presento ante el viento
como un sonido material
que tiembla.
Los bolsillos de la tarde
me dejan ir.
Un brazo de mi tiempo
resbala hacia el río
de todos los recuerdos.
¿Qué sucede cuando
hay luciérnagas vespertinas?
¿Son acaso las ventanas
linternas para el alma?
Digo el asombro en las mismas
vocales del incendio y
de los largos recorridos.
Vuelvo a estar frente
al piano de las postales
en códigos de mar.
La casa es una tibieza
necesaria.