De Leonard Cohen y las cortinas boreales.




Pones algo de Leonard
fumándote la noche.

Tu brazo nocturno
funge como guitarra
de este espasmo.

Fuera de aquí,
tan nocturnos,
los gatos nos escuchan
como nosotros a ellos.

El aullido del vinilo
es una pastilla
de ácidas estrellas
rememorándonos.

Pero Cohen ya no está.
Tampoco Ginsberg.

Queda este poema que callamos
escuchando “One of us cannot be wrong”
con pájaros en el corazón.

Las cortinas parecen
auroras boreales
acariciándonos el rostro.

Esta sábana tropieza
con el mar.