Tomo mis pies con una sombra.
Una sombra que sostiene mis manos.
Y mi cuerpo, lo que sé de mi cuerpo,
pende como estrella carnal del universo
de las mil batallas.
La brisa atardecida forma un sendero.
Mis ojos se desnudan aerostáticamente.
Vuelo toda clase de poemas que
dejé en casa, esta casa,
la de irse.
Brújulas vacías apuntan hacia mí.
Siempre lo andado es una pérdida
hermosa.