Crisantemos personales.




Nos tendemos a la deriva del tiempo como antiguas carreteras de reflejos. En el corazón que vestimos, una orilla nos arropa destilados y serenos de cualquier mundo. Un grito calla su decibel de flores bellas y las cuevas son vientres hermosos de un pasado donde jamás vimos llover. Los asfaltos son crucigramas ardientes que nos buscan y combinan como colores de antiguas latitudes. Enero existe porque tú te acomodabas el cabello y partiste universal a un jardín de mares tuyos. A un olvido que te necesitaba. Al lugar en que decidiste crisantemos personales.
                      
Dijiste algo que todavía es una ola de ciudad perdida:

Muéstrame los ojos limpios de un verso que no ocupes,
mira mis manos necesarias en las tuyas urgentes,
declama este confín de almendros nuevos donde nadie sabe que leemos a Neruda.

Desde el buró de todas las horas, un poema nos alumbra como lámpara de amor.

                               Mírate: tu cuerpo teje el aire y lo respiro.