Toco en un poema
luciérnagas de papel.
Traigo el corazón lleno
de jardines de cometas.
Vuelvo a sostener
al invierno en algún
cántaro roto que nieva
mi semblanza.
Con mis ojos cerrados
todos los peces son azules
todos los bosques amarillos
todos los recuerdos sepias buganvilias.
Toco en otro verso
mares residiéndome
en palabras imposibles.
Cada canción es un pino de
flores.
Tengo el alma llena de barcos
en botellas de horizontes
transparentes.
