Diciembre es una
lejana
ortografía
de vuelos y de días.
Los pájaros aprenden
que vuelvo a escribirles
las hojas que fue soñando
el verano,
las que son punto final
de su odisea cuando canta
el otoño.
Me preguntan de la poesía
en mis antebrazos de sueños,
de cada misión que he perdido
al ser feliz.
Me declaman una luna que asoma
y les hago caso:
es cierto que el mundo es un lugar perfecto
para escribir mi final aterrizaje.
Y que emigrar no es opción.
Que siempre habrá respuestas
en la dicción silenciosa de
sus alas.