Veo los días
en los eternos racimos
de la búsqueda.
Brotan de una voz limpia
que recorre los mares
del vacío, de la alegría,
de la penumbra encendida.
Veo que las horas
intentan la ecuación
definitiva del silencio,
que las calles siembran atardeceres
como semillas para los siglos
definitivos.
Aquí es la llanura azul
de los motivos del alma,
aquí, precisamente,
en este recorrido que es otro
año en la corteza celeste
de los árboles y del eco
necesario.
El viento es gramática
del ámbar en la costura
quebradiza de las hojas.
Mecen los días que veo
la vida imbatible de otro
verso
en la ventana.