Tipografías de la altura.


                                                      


Siento un corazón en otro poema que forma nuevamente el oleaje de mi ojos. Es septiembre en el campo de una vena de estrellas. Rasga el cielo las raíces y me encuentra pensando en qué traman las nubes cuando pasan libres por un idioma perdido. Mi cabeza así es un verbo inconjugable, un mito que sólo yo reconozco mientras desdoblo el argumento de la prisa con otro intento de verdad en la belleza, con el asombro apellidando cada latido que emerge de mis brazos empapelados de arcilla inquebrantable. Este lugar es pauta de algún homenaje a los pájaros de origami de un suspiro. Traigo puesta mi camisa favorita y soy un mar de este momento. Voy a escribir algo con esta arquitectura inconclusa de mi nombre.