Termino el día
leyendo a
Cavafis.
La cobriza
espesura
de agosto
me rebasa.
Los pájaros callan
las estrellas tristes
de las paredes desiertas.
Y me gusta ser
el sublime descontrol
de mi paz.
Un sencillo aplauso
que me pego en los ojos.
Cuando ya el verano
tiembla esta página
de mi voz lejana
y derretida.
