Un cielo entre paréntesis.



                                                      


Qué fortuna
puede ser otro amanecer 
de julio en los ojos 
claros de mi pecho.

Escuchar discos de 
Modestia Aparte con la casa 
llena de mariposas celestes
y las ollas sucias
como platillos voladores
del planeta soledad.

Qué fortuna 
pueden ser las palabras  
que forman la cabeza
de los pájaros,
el aliento de 
las paredes,
la boca de
estas ventanas
a una playa de
lápices rotos.

Qué dicha puede ser
que ninguna mirada
me diga lo contrario:

que este cielo entre paréntesis
también es el verano.