Monterrey, otra tarde.
Los símbolos de las horas
diluyen el rostro del horizonte,
los alumbrados públicos,
los puentes peatonales y
el contorno azul
de los edificios lejanos.
No dicen mucho las bardas
pintadas con información de
próximos conciertos
anunciando artistas
que no conozco.
Muchos olvidan
caligrafías de sus rostros,
versiones auténticas
del cansancio rimando
con el mundo.
(Yo sólo entiendo que
la ciudad desde
una estación en FM
es hermosa).
Que es otra tarde
en Monterrey.
Que la voz translúcida
del tiempo equilibra el
panorama.
