Herrumbre.


                                                      

                                                     


En la herrumbre de los días hay una piel de mi voz donde he cantado tonalidades de mi andanza. He sido el sudor de mis sombras llorando el cruce de los puentes, dibujando el fervor de las colinas más allá de los argumentos del horizonte. He sido tanto con tan pocos diálogos de la belleza: trenes, brazos, locura, manifiestos de notas agudas donde nadie escucha. Los planos son así. Los de la vida. Una eterna coordenada en la brisa cartográfica del respiro. He abierto mis manos en la sal y en el deseo y he sido ese timbre postal en que me he enviado resúmenes de minutos y floreros. Hoy tengo el pecho un poco oxidado pero es normal. Es el paso del tiempo y de las editoriales de mis venas. Es la herrumbre en mis huesos y en los viajes al centro de mi cabello. Es mi bolsillo de estrellas y estaciones con destino a la esencia de un jardín de crisantemos donde soy medio de transporte de un poema que aprendo y que olvido.