No me acuerdo bien
cómo sonamos ni
de qué nostalgia
nos desprendimos
para soñar un
momento.
¿Sentiste tus brazos,
líquidos, luminosos,
luces de aquella piel
desconocida?
¿Escuchaste tus manos
hablaste esas horas,
cantaste tus hombros
cuando cantaba los míos
en la llama taciturna de
una pausa?
No sé bien,
mi amor,
qué fue de aquel ruido
de mirarnos,
de aquellas ciudades inventadas
en el alma,
de esas camisetas viejas
en el fondo de una ola
de cassettes grabados.
No lo sé,
qué quieres que te diga.
No me acuerdo
cómo no estuve por
estar en lo que
ardíamos como
raíces en el centro
de la tierra.
Pero sé muy bien que fuimos,
al menos,
amor mío,
vinilo infinito
de un instante en el deseo.
Frenesí melómano
de una caricia.
Aquella música insaciable
de tu cuerpo
junto al mío.
