He puesto un disco
de Serge Gainsbourg.
Febrero cae en mis manos
entre la brisa matinal
de los recuerdos.
Mi voz,
que nada sabe del olvido,
es un viejo melotrón
de mis horas y mi paso.
Todo cuanto he sucedido
se apila en el oro de
este instante. En esta
forma inesperada que
tiene la alegría:
la música, otra mañana,
los eternos apellidos del invierno.
