Posible teoría de los momentos.


                                                             

                                                             


Si la ciudad es una voz improbable y dulce. 

Si este amanecer es un apunte de nubes
condensándose en la palabra. 

Si la neblina de los párpados.
Si la bella necedad de los mirlos.
Si el mar de los semáforos por la caricia del viento.

Si todo eso 
menos la luz de acostumbrarse 
al crujir de los huesos,
a la lista de las cosas indecibles
bajo los billboards y
la penumbra,
a los últimos lugares
que le quedan
a los brazos
de un poema.

Si de verdad es así,
definitivamente así,
entonces puedo decir
que soy una forma del silencio,
que todo pasa para escribirse,
que lato el verso impredecible
de mi torrencial
asombro.