Antes de mediodía, una escalera (latido panorámico).


                                                     


Uno mismo traza las venas de un momento. Cada latido de realidad es un motivo de corazones preferidos, una intensidad de puertas a ninguna parte que convergen bajo el cielo de un murmullo. Los pasos son esas avenidas personales de recuerdos, latitudes de un paseo al país de cada sueño, poesía anclada a las paredes de un edificio viejo. El arte de la presión arterial es ver la dicha dondequiera y clamar pasión y silencio. Ser el margen de la paz permitiéndose en un pecho encendido. Subir y bajar. No importa. El grafito de la memoria es sepia cuando la emoción y los bosques de rutina. Cuando antiguos ladrillos de una ciudad vacía parecen formar lo que queda de mí, cuando parecen esa cifra de mis días en la forma de mi músculo amado. El corazón, mi corazón, es una escalera a mi encuentro con el talento de aprenderme. Cómo no me entiendo. Cómo no sé nada. En qué escalón del viento sufro esta arritmia tan hermosa de no darme por vencido.