Agradezco a la altura
esta tarde
que parece toda mi existencia.
Un tibio fluir vespertino
golpea mi rostro con afán de multitudes.
Sostengo a mi cuerpo
en esta certidumbre de danzas internas:
presente incandescente
en mis pestañas sin día de la semana.
Agradezco a la altura este bullicio de papel absoluto.
Este verbo que conjugo en eco próximo.
Gracias a quien mira desde mí
lo que voy mirando.
