Los días que me trajeron hasta ahora, orbitan un suspiro. Por los rayos vespertinos de un corazón sobre la mesa, raciono esta urgencia de búsqueda en papeles con intentos de certeza. Los árboles de las cosas van tejiendo atmósferas de todo y mi boca en llamas construye una semilla de sobres con domicilio inconcluso. ¿Es que acaso este lugar es una fórmula sobre estados naturales del recuerdo? En los rostros del viento me atribuyo un canto caligráfico en que apunto una voz que es mía y es lejana. Vienen a las galaxias de este instante buzones sin remedio.
De la misma asignatura de apurar encuentros, dejo firmada esta razón para llegar a contármela.
Para enviarme, quizás, al código postal de una memoria.
