Post tan necesario en el oropel de la lluvia

                                    


La radio va dejando una estela de miradas, que al compás de un parpadeo, parecen postales de una calle interminable.

Conforme la prisa sucumbe en panorámicos y momentos, la ciudad resulta una cuadrícula de viento, un escenario de agua impresionista, un lugar en el FM de la vida que pasa.

Cuando llegan estas galerías naturales y poéticas, no sé dónde dibujar el verso que reclama un café y sus ventanales. Desconozco cómo sería mejor dejar este paisaje que enjuliece en su belleza.

Cada parabrisas dice adiós a instantes como éste. 

Cada parabrisas escribe un poema que no vuelve.